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Duelo tras la ruptura con una figura parental

Duelo tras la ruptura con una figura parental

Duelo tras la ruptura con una figura parental 800 800 Sandra Ribeiro

Cuando dejar de hablar con un padre o una madre se convierte en una necesidad

A veces una persona termina el contacto con su padre o con su madre. No porque no le importe, sino porque llega un momento en el que seguir en la relación empieza a hacer demasiado daño.

Quienes toman esta decisión rara vez lo hacen de forma impulsiva. Muchas veces pasan años intentando que la relación funcione: hablando, explicando cómo se sienten, intentando poner límites o esperando que algo cambie.

Cuando finalmente deciden tomar distancia, no suele ser una decisión sencilla.

Y aun así, después de hacerlo, muchas personas se encuentran con algo que no esperaban: un proceso de duelo.

La familia como punto de partida

La idea de familia está profundamente integrada en nuestra forma de entender la vida. Padres, hijos, hermanos, abuelos o tíos forman una red de vínculos que solemos imaginar relativamente estable durante gran parte de nuestra historia. Para muchas personas, esa red representa durante años la idea de casa.

Dentro de la familia aprendemos también quiénes somos. Cada persona ocupa un lugar: hijo, hija, hermano mayor, mediadora, responsable, rebelde… Los vínculos familiares no solo organizan la convivencia; también construyen roles, expectativas y formas de entendernos a nosotros mismos.

Especialmente en los primeros años, la relación con los padres tiene un peso importante en ese proceso. Sus miradas, la forma en que nos hablan, cómo nos valoran o nos corrigen, y sus ideas sobre el mundo se convierten en algunas de nuestras primeras referencias para comprender quiénes somos.

Con el tiempo esas referencias pueden transformarse o cuestionarse, pero su influencia suele permanecer.

Cuando el vínculo deja de ser seguro

Las relaciones entre padres e hijos pueden ser muy diferentes. Algunas personas crecen en vínculos nutritivos, donde hay cuidado, reconocimiento y apoyo. Estos vínculos suelen convertirse en una base desde la que explorar el mundo con cierta seguridad.

Pero no siempre ocurre así.

Hay relaciones en las que predominan los conflictos continuos, la crítica constante, la invalidación emocional o la vulneración repetida de límites. En estos casos, algunas personas se encuentran ante una decisión difícil: distanciarse de su padre o de su madre para poder protegerse.

A veces esta distancia se elige.
Otras veces se vuelve lo mínimo necesario para sentir seguridad.

Desde fuera puede parecer simplemente una decisión, pero para quien la vive es un proceso mucho más complejo.

Un duelo que pocas veces se reconoce

Cuando alguien pierde a una persona por fallecimiento, el duelo suele ser reconocido socialmente. Sin embargo, cuando una persona corta la relación con un padre o una madre, muchas veces el entorno lo interpreta solo como una elección personal.

Esto puede generar pensamientos como:

“Si he sido yo quien ha decidido alejarme, no debería sentirme así.”
 “Era lo mejor para mí, así que tendría que estar tranquila.”

Sin embargo, tomar una decisión necesaria no elimina el impacto emocional que puede tener.

Si entendemos el duelo como el proceso de aprender a vivir sin una persona significativa, entonces este tipo de ruptura también implica una pérdida real, aunque la otra persona siga viva.

Las emociones del duelo

El duelo tras distanciarse de un padre o una madre suele ser ambivalente. Es habitual que aparezcan emociones que parecen contradictorias entre sí:

  • Tristeza por la pérdida del vínculo.
  • Rabia por experiencias pasadas o por límites vulnerados.
  • Culpa por la decisión tomada o por el impacto en otros miembros de la familia.
  • Alivio, especialmente si la relación generaba un malestar constante.

Estas emociones pueden convivir. Muchas personas describen sentir alivio por no tener que defenderse continuamente y, al mismo tiempo, tristeza por no tener la relación que habrían querido tener. Esto no significa necesariamente que la decisión haya sido equivocada.

Parte de la dificultad de este proceso tiene que ver con que una relación parental no es solo una relación. Durante años también forma parte de cómo nos definimos como personas. Cuando ese vínculo cambia o se rompe, muchas personas sienten que algo en su identidad también se mueve.

Lo que también se pierde

El duelo no solo tiene que ver con perder el contacto con una persona. También implica dejar atrás ciertas expectativas asociadas a esa relación.

Entre ellas suelen aparecer:

  • La esperanza de que la relación pudiera cambiar algún día.
  • La imagen del padre o la madre que se necesitaba.
  • La sensación de pertenencia o continuidad familiar.
  • Espacios compartidos o rituales que formaban parte de la historia personal.

Por eso este tipo de duelo no habla únicamente de lo que fue, sino también de lo que ya no podrá ser.

Muchas personas se sorprenden haciéndose preguntas como:
 “¿Qué pensaría ahora si estuviera en mi vida?”
 “¿Se alegraría por mí?”
 “¿Estaría orgullosa de mí?”

Estas preguntas suelen estar relacionadas con necesidades emocionales que quizá no pudieron ser atendidas y que, al tomar distancia, se vuelven más visibles.

El papel de la terapia en este proceso

El trabajo terapéutico en estos casos consiste en ofrecer un espacio donde poder entender y elaborar la propia historia.

En terapia, muchas personas descubren que necesitan elaborar un duelo que durante mucho tiempo no se habían permitido sentir. Poder hablar de la tristeza, la rabia, la culpa o incluso del alivio sin sentirse juzgadas es un paso importante.

A partir de ahí se pueden revisar patrones relacionales que se repiten en la vida adulta, fortalecer los límites o construir una identidad menos definida por el lugar que se ocupaba en la familia.

El pasado no se puede cambiar, pero sí se puede integrar de una forma diferente.

El proceso de duelo puede ser largo y difícil. Sin embargo, cuando se atraviesa acompañado, muchas personas descubren que también abre una posibilidad: empezar a relacionarse con su historia de una forma más clara y coherente con uno mismo.

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