Hay mujeres que llegan a la mediana edad con la sensación de que algo se ha roto en ellas.
No siempre lo expresan así en consulta. A veces dicen: “Antes podía con todo y ahora todo me agota”. Otras veces, lo describen como niebla mental, irritabilidad, desorganización, olvidos, dificultad para concentrarse, sensación de bloqueo o una incapacidad nueva para sostener el ritmo que antes, aunque con esfuerzo, conseguían mantener.
Muchas han sido mujeres resolutivas. Mujeres que han trabajado, criado, cuidado, estudiado, organizado casas, agendas, hijos, pacientes, equipos o proyectos. Mujeres que han sido vistas como capaces, intensas, sensibles, rápidas, exigentes, despistadas, emocionales o perfeccionistas, pero no necesariamente como mujeres con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Y, sin embargo, cuando aparece la perimenopausia, algo empieza a quedar al descubierto.
No porque el TDAH aparezca de repente. El TDAH no “nace” a los 45 o a los 50 años. Sin embargo, en muchas mujeres puede hacerse visible en ese momento, cuando el cambio hormonal debilita el sistema que durante años permitió compensar, disimular o sobreesforzarse.
La relación entre estrógeno, dopamina y TDAH en mujeres
Durante esta etapa, los niveles de estrógeno empiezan a fluctuar y, posteriormente, a descender. El estrógeno no solo participa en funciones reproductivas; también influye en sistemas cerebrales relacionados con la atención, la memoria, el estado de ánimo, la motivación y la regulación emocional. Uno de esos sistemas es el dopaminérgico, especialmente relevante en el TDAH.
Por eso, cuando el estrógeno baja o fluctúa intensamente, algunas mujeres sienten que pierden acceso a recursos que antes estaban ahí. No porque hayan dejado de esforzarse. No porque sean menos capaces. No porque se estén volviendo “despistadas”, “vagas” o “inestables”. Sino porque el sistema neurobiológico que ayudaba a sostener ciertas funciones ejecutivas puede volverse más vulnerable.
La mujer que antes compensaba con esfuerzo puede empezar a no poder compensar más.
Durante mucho tiempo, muchas mujeres con TDAH no diagnosticado han funcionado a base de estrategias. Algunas muy sofisticadas. Listas interminables, hipercontrol, anticipación constante, perfeccionismo, autoexigencia, miedo a fallar, trabajo nocturno, urgencia, ansiedad como motor o hiperresponsabilidad.
Desde fuera podía parecer eficacia. Desde dentro, muchas veces era supervivencia.
Señales frecuentes de TDAH que pueden intensificarse en la perimenopausia
Aunque cada mujer lo vive de manera distinta, en consulta encontramos con frecuencia síntomas como:
- Sensación de niebla mental o bloqueo cognitivo.
- Mayor dificultad para concentrarse o terminar tareas.
- Problemas para organizarse o gestionar el tiempo.
- Olvidos frecuentes y sensación de saturación mental.
- Aumento de la irritabilidad o de la sensibilidad emocional.
- Agotamiento extremo ante tareas cotidianas.
- Sensación de “haber perdido capacidades”.
- Más procrastinación y dificultad para iniciar actividades.
- Necesidad constante de hacer sobreesfuerzos para funcionar.
- Sensación de caos interno, aunque externamente todo parezca controlado.
En muchos casos, estas mujeres llevan años sosteniéndose gracias a mecanismos de compensación desarrollados desde muy jóvenes. Pero la perimenopausia puede hacer que esas estrategias dejen de ser suficientes.
Y entonces aparecen preguntas dolorosas:
- “¿Qué me está pasando?”
- “¿Por qué ahora no puedo organizarme?”
- “¿Por qué me cuesta tanto empezar cualquier cosa?”
- “¿Por qué estoy tan irritable?”
- “¿Por qué siento que he perdido mi capacidad?”
El diagnóstico tardío de TDAH en mujeres durante la menopausia
En algunos casos se interpreta como ansiedad. En otros, como depresión. En otros, como estrés, burnout o simplemente menopausia. Y puede haber algo de todo eso. Pero también conviene abrir una pregunta clínica importante: ¿y si esta mujer llevaba toda la vida con un TDAH no diagnosticado?
El diagnóstico tardío de TDAH en mujeres no es infrecuente. Durante años, el TDAH se ha identificado más fácilmente en niños, especialmente cuando había hiperactividad visible o problemas conductuales. En muchas niñas y mujeres, sin embargo, el cuadro ha sido más interno: inatención, dispersión mental, desregulación emocional, hipersensibilidad, sensación de ir por detrás o agotamiento por intentar parecer funcionales.
Muchas aprendieron a camuflarlo.
Sacaban buenas notas, pero a costa de estudiar el último día. Eran responsables, pero porque vivían con miedo a fallar. Cuidaban de todos, pero se olvidaban de sí mismas. Llegaban a todo, pero exhaustas.
Cuando llega la perimenopausia, ese camuflaje puede empezar a fallar.
Y este punto es importante: que una mujer tenga más olvidos o más dificultad para concentrarse en la menopausia no significa automáticamente que tenga TDAH. La transición menopáusica por sí misma puede producir alteraciones del sueño, ansiedad, fatiga y quejas cognitivas. Pero cuando esos síntomas encajan con una historia de toda la vida marcada por el sobreesfuerzo, la dispersión, la impulsividad o la desregulación emocional, merece la pena valorar el TDAH.
Porque muchas mujeres no llegan diciendo “creo que tengo TDAH”. Llegan diciendo que ya no pueden más. Que no se reconocen. Que sienten vergüenza. Que antes eran capaces y ahora todo les cuesta el doble.
Y ahí, a veces, el diagnóstico no solo explica síntomas. También reordena una vida.
Permite mirar hacia atrás y entender muchas cosas con menos culpa: la procrastinación, la intensidad emocional, la dificultad para sostener rutinas, el agotamiento tras años de sobrecompensación o la necesidad de funcionar siempre bajo presión.
Para muchas mujeres, recibir un diagnóstico en esta etapa no es una etiqueta limitante. Es una forma de dejar de insultarse por dentro.
La intervención debe ser cuidadosa e integradora. No basta con decir “es TDAH” ni basta con decir “es la menopausia”. Hay que mirar el conjunto: historia evolutiva, síntomas actuales, sueño, estado de ánimo, ansiedad, trauma, exigencia, carga mental y salud hormonal.
Porque la perimenopausia puede ser una etapa de crisis, pero también de comprensión profunda.
A veces, no es que esa mujer se haya vuelto incapaz.
Es que llevaba demasiados años sosteniéndose a costa de sí misma.
¿Te sientes identificada?
Si, al leer este artículo, sientes que muchas piezas de tu historia empiezan a encajar, quizá sea el momento de dejar de preguntarte únicamente “qué me pasa” y empezar a explorar con profundidad cómo ha funcionado tu mente durante todos estos años.
En nuestro centro realizamos evaluaciones psicológicas exhaustivas y especializadas en TDAH en adolescentes y adultos. Son muchas las mujeres en perimenopausia y menopausia que nos buscan para realizar una evaluación psicológica completa porque en esta etapa es donde muchas veces los síntomas se intensifican o quedan más expuestos.
La evaluación no consiste en una entrevista rápida ni en responder únicamente unos cuestionarios online. Entendemos que detrás de estas dificultades puede haber múltiples factores: TDAH, ansiedad, trauma, sobrecarga mental, burnout, procesos depresivos, alteraciones del sueño, cambios hormonales o años de sobrecompensación emocional y cognitiva.
Por eso, nuestro proceso de evaluación es profundo, cuidadoso e integrador. Analizamos la historia evolutiva, el funcionamiento cognitivo y emocional, los síntomas actuales, los patrones de compensación desarrollados durante años y el impacto que todo ello tiene en la vida cotidiana, las relaciones, el trabajo y la autoestima.
El objetivo no es “poner una etiqueta”, sino comprender qué está ocurriendo realmente.
A veces la evaluación confirma un diagnóstico de TDAH. Otras veces nos ayuda a entender que el origen principal del malestar está en otro lugar. Pero incluso en esos casos, muchas personas describen el proceso como un antes y un después, porque por primera vez sienten que alguien ha mirado su historia de manera completa y rigurosa.
Si deseas solicitar una evaluación o recibir más información, puedes contactar con nuestro centro. Estaremos encantadas de orientarte y ayudarte a comprender qué hay detrás de ese agotamiento, esa sensación de desbordamiento o esa dificultad constante para sostener una vida que, desde fuera, quizá parecía “normal”, pero que por dentro llevaba demasiado tiempo costándote muchísimo esfuerzo.
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Sandra Ribeiro
Psicóloga General Sanitaria (M-34885)
Profesora del Dpto. de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la UNED
Responsable de formación y supervisora de casos clínicos en el Servicio de Psicología Aplicada (SPA) de la UNED
